Amarcord, el título de la película, significa me acuerdo. Eso es lo que hace Fellini, recreando su infancia en Rimini durante los años treinta. A través de la mirada de un adolescente, Titta Biondi, Fellini realiza un canto a la imaginación y el deseo y una parodia del fascismo. A lo largo de la película se van sucediendo, para hacerse inolvidables, la ninfómana Volpina, el motorista, la deseable y vana Gradisca, el abuelo filósofo, los grotescos profesores de Instituto, los torturadores fascistas, el loco que grita "¡quiero una mujer!", el "casanova de tercera", la exuberante tabaquera, los milanos...